Durante mucho tiempo me encontré a mí misma aquí, envuelta en madrugadas y palabras propias y ajenas, un aparentemente interminable desfile de espejos, retazos. Sí, aparentemente, porque, quién sabe si por mero destino o boicot malévolo de la realidad (que no es más que otra forma de destino), es luego de todas las etapas correspondientes del duelo que acepto, con mucha tristeza, la muerte de este espacio a manos de una cruel conspiración entre Google y sus allegados. Ante la imposibilidad sostenida de acceder al centro de operaciones de nuestra querida base excepto en raras y azarosas excepciones, enfrento la indiscutible verdad: es hora de cambiar.
En el fondo, este silencio sirvió, en cierto modo, como un capullo. Y, aún más, en el fondo, ¿no se trata también de algo más profundo, y al mismo tiempo de una oportunidad, al menos, intrigante? Con esto me despido de Buscando el Espejo, feliz y triste, como para hacerle honor a este lugar repleto de contradicciones, y me entrego al nuevo camino por delante.
Arder
Arder hasta ser cenizas
y resurgir cada mañana
buscando pedazos de nuestras manos
Siempre conmigo, desde antes de que este blog existiera, e incluso la razón de su existencia, estas palabras surgieron de la nada y se convirtieron en un mantra cuyo sentido parece mutar y abrirse ante mí con el paso del tiempo. Es, a la vez, el eterno retorno y la aceptación del fin, la constante transformación y la absoluta inmutabilidad de la esencia. El incansable devenir, la búsqueda que como un fractal sólo lleva a nuevas búsquedas y es, a la vez, siempre a la misma.
Los invito a mi nuevo blog:
http://arderhastasercenizas.wordpress.com/
Es gracioso, en un punto. Mi primer blog se llamó Escapando a la Agrafía, el segundo Buscando el Espejo y ahora, el nuevo Arder hasta ser Cenizas. Pero el primero era el del ardor, el segundo el de la búsqueda y, ante la tortuosa agrafía a la que Blogger me sometió estos meses, el nuevo es el del escape. Y sin embargo, los tres se cruzan en sí mismos, son, sin duda, un mismo sentido.