marzo 22, 2012

Ella, la de los ojos de magia, la de la picardía colgándole de la punta respingada de la nariz, cual acróbata que desafía al público, la del dolor clavado en el estómago, la de los pocos años y las muchas lunas.
Ella, la que no es hoy y no importa. Ella, con el puchero a pedir de boca. Ella, la que junta libélulas en el ombligo, esperando y esperando a que sea hora de abrir las alas. Ella, ese pequeño oasis de miradas tímidas y labios mordisqueados. Ella, la que me mira desde el carril de al lado y me charla.
Ella y yo, esperando con calma a que llegue el punto en que se cruzan. Ella y yo, un enigma, una dupla, otro juego de coincidencias y conflictos.

marzo 19, 2012

Polaroid

¿Qué puedo escribir sobre ella sin faltar a la verdad? ¿Qué puedo nombrar sin pronunciar esa devota ambigüedad, esa ferviente incertidumbre que hace arte? ¿Qué puedo decir más que una imagen desfigurada, una suerte de retrato de Dorian, un espejo de miedo y culpas?
No la culpo, no. No la aborrezco, no. No la quiero, no. Y aún así, revuelvo entre los escombros, buscando los pedazos del espejo que golpeó hasta que sus manos estuvieron cubiertas de sangre, chorreando sobre el parquet, para ver lo que ella vio. Será una cuestión de perspectiva, quizá, una pequeña pero certera victoria. No era yo. Su única, su eterna enemiga, siempre, desde que tuvo memoria, fue ella misma. Yo sólo cometí el sacrilegio de destapar el espejo y quedarme a ver el show.
No podía ser de otra manera. Yo también soy presa de mí, de esta fascinación por la destrucción, esta tragicómica atracción por el caos y la mugre.