octubre 12, 2011

Te hablo de la nada misma
por hablar, sencillamente
por establecer entre tu insomnio y el mío
un hilo, un saludo, un cruce
un extender la mano sobre la ciudad
y rozarte
aunque sea con palabras
aunque sean palabras que son a su vez la nada
y todo lo que este insomnio envuelve
a través de las ventanas y la bruma
de una madrugada que se deshace
entre frescura, algunos comentarios ingeniosos,
y la nada misma.

octubre 04, 2011

Y ahora me elude la palabra, como por diversión, como por desafío. Nombrar tu cuerpo es nombrar también la curva de tu espalda, es nombrar esa cascada de pestañas que a veces enmarca y a veces esconde, es nombrar la vibración de mi aliento contra los pelitos casi invisibles de la base de tu cuello, es nombrar la suavidad del borde de tus labios contra mi clavícula. Nombrar tu cuerpo se vuelve una tarea titánica y mi lenguaje se chorrea y se desarma. Y entonces ya nombrar es vano, ya nombrar es redundante. Nombrar tu cuerpo es nombrar este magnetismo que nos atraviesa, es nombrar la luz del mediodía y el mechón que cae sobre tu mejilla y me oculta tus ojos, es nombrar la sonrisa que devela el misterio. Nombrar tu cuerpo es nombrar el momento en que la proximidad revienta en un estallido de colores que tiñe el mundo alrededor. Nombrar tu cuerpo es olvidar que existe un mundo fuera de esa mancha en uno de tus ojos.