Olvido las melodías
el arcaico sentido de las serpientes
y atravieso el día
las manos colmadas de esperas
mudas
como las flores
Las aves mueren en el espejo
la daga es ahora
ceniza de plata
Sin aliados
me muevo hasta los hombres
que no contienen ni el sol ni el humo
sólo un dejo de viento entre los labios
Las horas enmohecidas se debaten en un rincón
el cuerpo va perdiendo la forma
las voces de mis poemas alumbran el camino
Soy Calíope, Erato y Clío
soy la musa inconstante de tus días
Sorteo cadáveres deliciosos
arrastrando los restos de los dioses malditos
Aquí las niñas rubias regalan sus vientres
aquí el templo es tu propio cuerpo
No voy a vaciar mi pecho esta tarde
ni entregarte mis hijos azules para que te hagan de abrigo
Es hora de dejar la intemperie
e incendiar nuestras pieles contra el crepúsculo
Persiguiendo los conejos que saltan entre los edificios, sólo para cruzar al otro lado.
junio 28, 2008
Otra vez yo. Otra vez acá, rondándote como un fantasma chiquito y admirado, dándote la razón, dándote las gracias aunque me queme el orgullo. Sólo vos podés fundir la retórica frente a mis ojos y sacarme una carcajada.
Pero qué difícil, hombre, qué difícil saberte desvelado en algún lugar de la ciudad, saberte tan yo en algún lugar de la ciudad todas las noches. Y no saberte nunca, en realidad. Indagar hasta el cansancio en tu laberinto de papel, hasta deshacerme los talones, buscandome en algún lugar de tu ciudad. No estaré allí, jamás. No hay espacio para mí en tus juegos. Sin embargo, presiento que me escondés por ahí, como una especie de guilty pleasure que te permitís sólo en minutos robados de la semana y esas horas que no pertenecen a ningún día. Sólo algunas veces, tal vez porque no sabés decir que no, tal vez porque realmente puedo tentarte lo suficiente como para que quiebres tus propias reglas, el día, el café, Corrientes o Florida y más de una calle desapercibida se enteran de nosotros, hechos una historia absurda de metafísica, platónicos, casi por definición. Diríase que nos desgastamos en esas horas detenidas, cuando nada más que el sol avanza. Y diría que realmente te gusta. Diría, pero no puedo aseverarlo. Soy esa historia oculta de la mirada, eso que negás tres veces antes de que cante el gallo. No soy, en realidad. Sólo un ente que tu propio miedo transforma en aire.
Pero qué difícil, hombre, qué difícil saberte desvelado en algún lugar de la ciudad, saberte tan yo en algún lugar de la ciudad todas las noches. Y no saberte nunca, en realidad. Indagar hasta el cansancio en tu laberinto de papel, hasta deshacerme los talones, buscandome en algún lugar de tu ciudad. No estaré allí, jamás. No hay espacio para mí en tus juegos. Sin embargo, presiento que me escondés por ahí, como una especie de guilty pleasure que te permitís sólo en minutos robados de la semana y esas horas que no pertenecen a ningún día. Sólo algunas veces, tal vez porque no sabés decir que no, tal vez porque realmente puedo tentarte lo suficiente como para que quiebres tus propias reglas, el día, el café, Corrientes o Florida y más de una calle desapercibida se enteran de nosotros, hechos una historia absurda de metafísica, platónicos, casi por definición. Diríase que nos desgastamos en esas horas detenidas, cuando nada más que el sol avanza. Y diría que realmente te gusta. Diría, pero no puedo aseverarlo. Soy esa historia oculta de la mirada, eso que negás tres veces antes de que cante el gallo. No soy, en realidad. Sólo un ente que tu propio miedo transforma en aire.
junio 09, 2008
Café, cigarrillos y un par de locos en el frío
- ¿A vos te parece? Ya no sé más que cara ponerle al mozo para que deje de zumbar alrededor mío como una mosca.
- Perdón, perdón, perdón
- Tranquilo, me divierte esperar. Es casi como un juego que pone a prueba mi paciencia. Y mi confianza. Aunque debo decir que esta vez realmente creí que no venías. ¿Sigo ganando yo?
- Efectivamente. Vamos dos a cinco.
- ¡Mentira!
- Ah, bueno, contando esta, tres.
- Estoy segura de que fueron más.
- ¿Ah, sí? ¿Cuando?
- No me acuerdo, pero sé que sí.
- ¡Qué viva! Además, considerando aquella vez del británico...
- Bueno, bueno, qué son cuarenta y cinco minutos en la vida de un hombre. En cambio en la de una mujer son una ducha, una elección de vestimenta y veloz acicalamiento. Y todo eso a velocidad interestelar.
- ¿Qué querés tomar?
- Café. Decidí entregarme de lleno a mi úlcera. Nadie puede huír de su destino, o terminará arrancándose los ojos.
- O el estómago.
- Claro. ¿Para qué quiero vivir mucho si no puedo disfrutar?
- Bueno, la vida no gira en torno al café.
- No, gira en torno al café, el sexo, las drogas y un buen whisky.
- Ah, ¿ahora se te dio por el whisky?
- Viene junto con el insomnio.
- Cuidado con la cirrosis, entonces.
- ¿Sabés todo el whisky que tengo que tomar para que me de cirrosis?
- No te creas, mirá que es más rápida con whisky.
- ¿Pero vos estás conciente del tamaño que tengo yo? Con un vaso ya estoy dormida.
- Buen punto. ¿Seguís con esa depresión?
- Sí, todavía falta para que toque fondo. Así que practico la paciencia hasta que rebote y vuelva a subir. Ya la tengo calada.
- Toda una experta.
- Tengo…tengo ganas de irme a la mierda.
- Estás saturada, cansada, irritable…
- Sí. Exacto. Bueno, pero la cuestión es que me quiero ir al campo. A una casa en el medio de la nada, una granja tal vez. Y quiero modificar estos hábitos de mierda. Me intoxica la ciudad. Sí, ya sé, yo diciendo eso, pero es así. Necesito salir. Necesito irme al campo, levantarme con el sol…bueno, con el sol no porque es invierno, pero a las siete…o mejor ocho.
- Ya empezás.
- No, pero que se yo, a las siete hace mucho frío todavía.
- A las ocho también.
- Me quiero levantar y desayunar, salir a caminar.
- Ordeñar las vacas, hacer tarea de campo.
- ¡Claro! Bueno, menos ordeñar vacas, es un poquito desagradable. Y quiero llevarme libros y música y sólo dedicarme a eso.
- Llevate la laptop para escribir.
- No, no quiero pantallas. De ningún tipo. Pretendo irme sin celular también, quiero ser ilocalizable.
- Ah, ¿sin nada? Tres días te doy.
- Ajá. Bueno, podría llevarme la comp para escribir, pero sin Internet.
- Dos.
- Nada que ver, yo aguanto.
- Dos siendo benevolente. En realidad no pasas la noche.
- En serio, voy a aguantar. Vas a ver. Claro que necesito permiso de mi vieja, plata y un lugar adonde ir, pero vas a ver.
- Perdón, perdón, perdón
- Tranquilo, me divierte esperar. Es casi como un juego que pone a prueba mi paciencia. Y mi confianza. Aunque debo decir que esta vez realmente creí que no venías. ¿Sigo ganando yo?
- Efectivamente. Vamos dos a cinco.
- ¡Mentira!
- Ah, bueno, contando esta, tres.
- Estoy segura de que fueron más.
- ¿Ah, sí? ¿Cuando?
- No me acuerdo, pero sé que sí.
- ¡Qué viva! Además, considerando aquella vez del británico...
- Bueno, bueno, qué son cuarenta y cinco minutos en la vida de un hombre. En cambio en la de una mujer son una ducha, una elección de vestimenta y veloz acicalamiento. Y todo eso a velocidad interestelar.
- ¿Qué querés tomar?
- Café. Decidí entregarme de lleno a mi úlcera. Nadie puede huír de su destino, o terminará arrancándose los ojos.
- O el estómago.
- Claro. ¿Para qué quiero vivir mucho si no puedo disfrutar?
- Bueno, la vida no gira en torno al café.
- No, gira en torno al café, el sexo, las drogas y un buen whisky.
- Ah, ¿ahora se te dio por el whisky?
- Viene junto con el insomnio.
- Cuidado con la cirrosis, entonces.
- ¿Sabés todo el whisky que tengo que tomar para que me de cirrosis?
- No te creas, mirá que es más rápida con whisky.
- ¿Pero vos estás conciente del tamaño que tengo yo? Con un vaso ya estoy dormida.
- Buen punto. ¿Seguís con esa depresión?
- Sí, todavía falta para que toque fondo. Así que practico la paciencia hasta que rebote y vuelva a subir. Ya la tengo calada.
- Toda una experta.
- Tengo…tengo ganas de irme a la mierda.
- Estás saturada, cansada, irritable…
- Sí. Exacto. Bueno, pero la cuestión es que me quiero ir al campo. A una casa en el medio de la nada, una granja tal vez. Y quiero modificar estos hábitos de mierda. Me intoxica la ciudad. Sí, ya sé, yo diciendo eso, pero es así. Necesito salir. Necesito irme al campo, levantarme con el sol…bueno, con el sol no porque es invierno, pero a las siete…o mejor ocho.
- Ya empezás.
- No, pero que se yo, a las siete hace mucho frío todavía.
- A las ocho también.
- Me quiero levantar y desayunar, salir a caminar.
- Ordeñar las vacas, hacer tarea de campo.
- ¡Claro! Bueno, menos ordeñar vacas, es un poquito desagradable. Y quiero llevarme libros y música y sólo dedicarme a eso.
- Llevate la laptop para escribir.
- No, no quiero pantallas. De ningún tipo. Pretendo irme sin celular también, quiero ser ilocalizable.
- Ah, ¿sin nada? Tres días te doy.
- Ajá. Bueno, podría llevarme la comp para escribir, pero sin Internet.
- Dos.
- Nada que ver, yo aguanto.
- Dos siendo benevolente. En realidad no pasas la noche.
- En serio, voy a aguantar. Vas a ver. Claro que necesito permiso de mi vieja, plata y un lugar adonde ir, pero vas a ver.
junio 05, 2008
La pradera entre tus ojos y el aire
se cierne sobre la noche
como aves negras
atraviesa la nada
hasta mí
lejos de ese cielorraso pálido
contigo busco hacerme ama y señora de los abecedarios
de cuanta metáfora encierren los mares
el mar está en tus manos
aquí
los niños perdidos de tu insomnio
los pies sangrantes, las muñecas
polvo
aquí sostengo tu mirada
apenas rozándola con el filo de mis dedos
aquí
tenemos apenas un momento
para beber la mañana
desde cualquier lugar del mundo
se cierne sobre la noche
como aves negras
atraviesa la nada
hasta mí
lejos de ese cielorraso pálido
contigo busco hacerme ama y señora de los abecedarios
de cuanta metáfora encierren los mares
el mar está en tus manos
aquí
los niños perdidos de tu insomnio
los pies sangrantes, las muñecas
polvo
aquí sostengo tu mirada
apenas rozándola con el filo de mis dedos
aquí
tenemos apenas un momento
para beber la mañana
desde cualquier lugar del mundo
junio 04, 2008
Una trompeta
amarilla
como el oro falso
algo más
tal vez
o del otro costado mejor?
no importa
ambos lados son igual
las hojas
o tal vez el mar
cubriendo la ciudad con la dulzura de una madre
cubriendo la ciudad
eres alta
como una esfigie anglosajona
pero prueba de nuevo
no hay lógica de esta cara del espejo
nadie ve ahora
no hay siquiera silencio
el corazón de la ciudad está despierto
amarilla
como el oro falso
algo más
tal vez
o del otro costado mejor?
no importa
ambos lados son igual
las hojas
o tal vez el mar
cubriendo la ciudad con la dulzura de una madre
cubriendo la ciudad
eres alta
como una esfigie anglosajona
pero prueba de nuevo
no hay lógica de esta cara del espejo
nadie ve ahora
no hay siquiera silencio
el corazón de la ciudad está despierto
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