abril 29, 2007



Queríamos tanto más, más que el fuego y las palomas, más que la tinta pegada a los cuerpos. Queríamos la sed verdadera y morir en la intrascendencia. Queríamos ser la lluvia, fundirnos con la lluvia sin poder beberla, convertirnos en los personajes inútiles del absurdo. Queríamos demasiado, más de lo que nos podíamos dar.
Y ahora el banco está vacío y llueve, y vos estás en medio de algún estallido de neuronas, ajeno al mundo.
Cómo moría en vos antes de eso...
ay, cómo brillaban tus ojos cuando el mundo era tu cuerpo.

abril 28, 2007

II. ¡Qué lindo está el cielo esta noche! Vamos a caminar un rato, ¿querés? Sopla una brisa, pero claro, vos no la sentís, tu piel es de plástico. Sigue siendo una piel bonita, no te enojes, que si vos me dejás de hablar me quedo sola. Quisiera que mami estuviera acá. No, no sé exactamente dónde es acá, acá, sólo acá. Vos tampoco sabés, ¿no? Lo sospechaba, vos nunca sabés nada, sos un poco hueca. Pero está bien, nadie espera nada de vos más que te estés quietecita y preciosa, perfecta. También esperan eso de mí, y se enojan cuando me ensucio o juego con el perro, y me retan porque no sé comportarme. Ah, ¿pero ahora? Ahora mami quiere que me levante, que corra, que arruine el vestido que me regaló la abuela...ahora que me porto bien y no me muevo llora. Mami, estoy bien, te escucho, pero no puedo contestarte. Mirame, soy una muñeca, como me enseñaste. Mirame, mami, soy una buena hija ahora, ¿por qué llorás?

abril 26, 2007

pulseras y manos y una estepa separándonos los dedos que no se tocan ni se buscan.

y aún así, nerviosas,
no hay piel no hay piel

sólo estepa.

abril 14, 2007

I.

Una gota quebró la muerte. Ahora no hay gatos ni peces. Las muñecas rotas de Marita juntan polvo en el rincón que destinamos a esos dolores secos. como las muñecas. La nena duerme, yo te juro que duerme y que puedo ver como su pecho sube y baja. Todavía. No te acerques, no fumes al lado de ella, animal. Bueno, perdón. Pero le hace mal, se agita, salí, ¡salí, me vas a matar a la nena!
Mirala, aún tiene los mofletes colorados, y los labios entreabiertos, bien rojos, como mi hermana. Yo no, yo no tuve la suerte de sacar esa boca preciosa de muñeca, esa piel de leche. Y esos ojos que no se abren hace tanto. Marita, mi vida, ¿qué estarás haciendo en esa cabecita oscura tuya?