Una sola muerte
para abrirte el pecho antes del día.
Un solo día, para atravesar el espejo.
Persiguiendo los conejos que saltan entre los edificios, sólo para cruzar al otro lado.
marzo 25, 2007
marzo 14, 2007
Tenemos poco tiempo
para excavar tanta manía de piel
todo el desperdicio entre las costillas y el aire
y es urgente
imperiosa
tu presencia, paisano
o la tuya, arlequín de rizos cautivos
antes de que la hiedra me cubra
y sea inalcanzable
sáquenme
de esta dejadez vacía de sentido
de este augurio silenciado por las torres.
No quiero ya
ser una princesa congelada
No quiero nada
más que un poco de poesía
para excavar tanta manía de piel
todo el desperdicio entre las costillas y el aire
y es urgente
imperiosa
tu presencia, paisano
o la tuya, arlequín de rizos cautivos
antes de que la hiedra me cubra
y sea inalcanzable
sáquenme
de esta dejadez vacía de sentido
de este augurio silenciado por las torres.
No quiero ya
ser una princesa congelada
No quiero nada
más que un poco de poesía
Ojos descoloridos
huyendo en el canto de la marea
No
tus ojos
se han perdido
pegados a la arena nocturna.
huyendo en el canto de la marea
No
tus ojos
se han perdido
pegados a la arena nocturna.
Tengo una caja escondida, una caja que cambia de color y contenido. Cuando es verde oculta fotos en blanco y negro de un joven de ojos transparentes, canciones tristes y cuatrocientas cincuenta y tres lágrimas. Torna púrpura y guarda treinta y cinco niños sonrientes en la paleta más gastada, guarda todas sus peleas, guarda sus lutos y travesuras. Pero ellos no están.
Hay días en que se vuelve gris y se resiste a ser abierta, para revelar infantes partidos y muertes prematuras y silencios iniciados por el estallido de una taza de café contra la pared. Una taza de café con café. Y el miedo de los niños.
Cuando abierta de noche, la caja muestra un laberinto, una niña y un paisano, muestra una Alicia latina al pie de la cama y las predicciones de la bruja que duerme.
Nunca la caja me muestra tu rostro.
Los días de lluvia se pinta de azul y casi me obliga a quitar la tapa para encontrarme con un hombre sentado sobre los girasoles y su melodía. Pero él no me mira y sigo sin conocer su rostro.
Tengo una caja escondida que abro sólo cuando no hay nadie. Tengo una caja que me recuerda quién soy cada día.
Hay días en que se vuelve gris y se resiste a ser abierta, para revelar infantes partidos y muertes prematuras y silencios iniciados por el estallido de una taza de café contra la pared. Una taza de café con café. Y el miedo de los niños.
Cuando abierta de noche, la caja muestra un laberinto, una niña y un paisano, muestra una Alicia latina al pie de la cama y las predicciones de la bruja que duerme.
Nunca la caja me muestra tu rostro.
Los días de lluvia se pinta de azul y casi me obliga a quitar la tapa para encontrarme con un hombre sentado sobre los girasoles y su melodía. Pero él no me mira y sigo sin conocer su rostro.
Tengo una caja escondida que abro sólo cuando no hay nadie. Tengo una caja que me recuerda quién soy cada día.
marzo 06, 2007
no quiero
y así, dejar de mirar de reojo
ya no se puede evadir
han puesto a andar la máquina
no.
he puesto a andar
la escena que escribí con ese objeto asesino
he puesto a andar la escena
casi sin querer
ahora no se puede frenar
- bien advertían del botón rojo -
y me siento entre el público
incapaz de imitar la realidad
incapaz de moverme yo hacia el escenario
actúen, actúen
pero no esperen de mí aplausos.
actúen
y suelten todo lo que guardé para que ustedes digan por mí.
y así, dejar de mirar de reojo
ya no se puede evadir
han puesto a andar la máquina
no.
he puesto a andar
la escena que escribí con ese objeto asesino
he puesto a andar la escena
casi sin querer
ahora no se puede frenar
- bien advertían del botón rojo -
y me siento entre el público
incapaz de imitar la realidad
incapaz de moverme yo hacia el escenario
actúen, actúen
pero no esperen de mí aplausos.
actúen
y suelten todo lo que guardé para que ustedes digan por mí.
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