febrero 18, 2007

Tu aliento
tu aliento sobre el mantel
y un poco de vino

se evapora, mi vida
y no quedan más que uvas ensangrentadas
y un cuerpo
mi cuerpo
pudriéndose
fermentando cada gota de azúcar en él

muere
muere
bastarda
.
.
.
muere


sólo te hablo a vos
y al humo que deja mi boca.

febrero 06, 2007

Escondo las manos
sonrío
la tijera está lejos
muy lejos
sonrío

El petirrojo tiene la voz negra, mi amor.
Y la enamorada del muro ha caído una vez más.

Sostengo la mirada
mientras mi cabeza rueda
y golpea contra sus pies.

Ya no sé si le miento a él
o a mí
pero se siente bien

Nadie ha visto nada
y nunca sabrá que el mundo ha muerto

yo sigo de pie.

febrero 05, 2007

Hemos llegado al último tramo. A lo lejos se ven las ramas del camino, como una Patagonia de vivencias en colores desconocidos...y no hay pájaros que confiesen tu nombre. Mirame. Pero esta vez quiero que me veas realmente. Ahora, es hora de movernos y recordar qué fue lo que nos trajo hasta acá. Reviví el mate, la guitarra siempre desafinada, los golpeteos en la mesa, los codos y esos llamados de atención y decir sí a todo, sí con una sonrisa oculta. Tus labios no son iguales. Las siestas a media mañana, las guerras sobre papel. No llores, no hay por qué llorar. Estemos felices, el día recién empieza y no conoce nuestros rostros. Sólo...dejá a un lado los verbos, por este rato nomás.
Es la hora en que todos duermen menos nosotros. Es la hora de la poesía. Entonces había tanto de acertijo en el aire, las palabras flotaban entre nosotros y no salía el sol si no lagrimeábamos al compás de tu voz. Vibrabas, cada gesto como en un escenario enorme, y gritabas para tu teatro vacío que él quiere que sea reina y fueron reyes toda la mañana y qué tipo maravilloso, qué genio. Y nosotros, todos alrededor tuyo, con los ojos abiertos y húmedos. Y nosotros, amándonos todos a todos sin tocarnos. Claro, y ese cigarrillo que juré no escribir, pero que sos vos y sigue colándose a mi censura.
Andate. Es hora ya. Mirame, y veme de verdad, como si fuera la última vez.
Seremos nuevamente seres, lo prometo, pero no seremos nunca amantes ni cal ni pájaros. Ni seremos los mismos. Por eso te digo, escondé todas estas cosas en tu bolsillo, para sacarlas y contemplarlas en las noches de invierno. Así, no será en vano tanto sacrificio y ardor y muerte tras muerte en cada madrugada. Así, cuando cruces el barrio sentirás las cenizas en la cara y sabrás que estás sobre las ruinas de tu propio cuerpo. Adiós, es hora.

- Punto -

Ahora
porque ahora no tiene plurales
ni salidas
ahora es un instante
no es proyecto
no es silencio
ahora es hacer
y es gritar con el alma afónica
con el pecho abierto al día
que hay un final
y no será hoy
es gritar basta
y abrir la sonrisa
luego de tantos años
para ver
y verse
por primera vez.

febrero 04, 2007

Sinfonías Inconclusas

El misterio de unas bragas
las piernas ensombrecidas sobre la pared
y tu cuerpo contorsionado que llama al culto del viento
Ahí viene, niña
y planea llevarte.

Tu boca se entreabre
- tú no suspiras -
y ardes.

Todo se eleva:
oye el rugido
oye al cielo hacerse pedazos
oyelo bramar tu nombre y tus años
míralo
se revienta como tú contra todo en su camino
cada parte de su ser perdida
en un microcosmos de asfalto

Ni tu mueca
ni tus lágrimas
podrán devolver las piezas
y unas bragas
y unas piernas
y unos labios
sinfonías inconclusas
y un cigarro agotado
Hay un monte que esconde mis poemas
hasta que las palabras huyen
en el despertar de las piedras
Se proyectan y se pierden
y me sumerjo en una oscuridad densa
que se pega a mi piel,
y hace frío.

Oigo sus pasos
las siento
y se que he perdido.


Et nous, sur les bas-côtés, fiévreux

De voir les trains s'éloigner

No hay luces, cariño. La luna no es roja como la última vez. Ya se ha vuelto una acumulación, una continuidad plasmada en tus pupilas...tus ojos no tienen color ni trenes. La estación está en silencio, en vacío, y dos niños balancean sus piernas en el borde. Esperan y sonríen y no habrá trenes. Una rosa. Qué manos pequeñas tienen los niños, la niña voltea pero no te mira. Para qué querrían manos más grandes, te encojes de hombros, como si eso importara. Pero los niños siguen allí. No habrá trenes, pero no oyen. Tu tampoco oyes, nadie surge como llamado por mi mirada y te alargas. La noche estalla sobre los cuatro idiotas de la estación, ellos son sus dueños porque son dueños del tiempo y de sus muertes. ¡No habrá trenes!, y los niños no oyen. No me digas que no grite. Pero no corren peligro, se cansarán y crecerán y ni siquiera quedará el recuerdo de los trenes oscuros, de nuestra estación. Y esperan. La niña se ríe y algo se refleja en tu mueca. No habrá, no habrá trenes...no habrá, niños, ni amor ni trenes... No necesitan más amor que ese. No ves la rosa, tu sonrisa esconde soledades. Y el tren pasa veloz y no se detiene y te incorporas y los niños han desaparecido y el tren también y estás temblando. Te sueltas de mí, te acercas a las vías, pero no las miras. Dejas algo suave en mis manos, y tus ojos reflejan la luna enorme sobre la estación, carmesí, y te sonrio: mi puño es demasiado pequeño para albergar la rosa.